El Mediterráneo encierra bellezas ineludibles a los ojos, tacto y gusto del viajero apasionado, pero entre sus tesoros sin fin se encuentra una isla llena de historia, cultura y atractivos naturales increíbles: Córcega. Es básicamente “una montaña en el mar” como la describiese una de las tantas plumas que la ha contado, entre las que se cuentan Antoine de Saint-Exupéry, quien le dedicó exquisitas líneas a su sol y su mar, enamorado como cualquier otro visitante que llega a sus costas.

Nicolás Veracierta: Córcega, la isla de la belleza

Córcega es llamada Ile de Beauté o “Isla de la belleza” por los franceses, apreciación más que exacta si sus escarpadas montañas, bosques de pinos, costas soleadas, viñedos extensos, flora única y fauna tan diversa sirven de prueba; es la cuarta isla más grande del mencionado mar, y quizá la menos conocida de entre este grupo al que también pertenecen Sicilia, Cerdeña y Chipre, todas destinos espectaculares y muy cercanas unas a otras.

Ajaccio, su capital, guarda una arquitectura exquisita y es el lugar de nacimiento de Napoleón Bonaparte, lo que confiere un lugar especial dentro de la historia universal; por otro lado Bonifacio es un dechado de playas turquesa con elevados riscos que dan al mar y Bastia, al norte, presenta otra cara del lugar; sin olvidarse de destinos como Calvi, Porto y la Isla Rousse o las islas Lavezzi, cada una con un sabor particular.

Nicolás Veracierta: Córcega, la isla de la belleza

El turismo en Córcega busca el disfrute y la preservación a la vez, por eso se ha apostado por el turismo sustentable en lugar del masivo; las opciones abundan: paseos por las islas, senderismo, ski y gran cantidad de deportes acuáticos, dorarse al sol en sus más de 200 playas, seguir la corriente de sus 25 ríos, probar la exquisitez de sus comidas o participar de sus festivales musicales.

Relacionados