De Harlem a Brooklyn pasando por Central Park y Times Square. Un paseo con banda sonora por los escenarios rockeros de la ciudad que nunca duerme.

Comenzamos con la primera parada musical de Nueva York: “You know I feel alright!”, se desgañita James Brown desde los auriculares del iPod bajo la marquesina del teatro Apollo (253 W 125th st). Estamos en el lugar donde el volcánico cantante grabó hace casi 50 años este Live at the Apollo, considerado uno de los mejores discos en directo de todos los tiempos. Todavía funciona este pedazo de historia de Harlem, y se puede visitar aunque no haya concierto. Aviso para tímidos: el pintoresco guía (que jura que el propio Brown le pagó los estudios) hace subir a la tarima a algunos de los visitantes, que tendrán que demostrar sus habilidades escénicas durante un par de minutos.

Puede que Los Ángeles sea la capital mundial del cine, pero pocas pueden competir con la música de Nueva York: las nuevas tendencias se cocinan en sus locales, las futuras estrellas se forjan en sus salas y la consagración pasa por sus escenarios. Dylan, Sinatra, Springsteen, los Ramones y, más recientemente, los Strokes o LCD Soundsystem han dado sus primeros pasos en esta ciudad.

También lo hicieron Simon & Garfunkel, que grabaron en 1981 The Concert in Central Park ante medio millón de personas, y que es perfecto para recorrer la verde inmensidad del parque mientras lo atravesamos viniendo desde Harlem (la foto de la portada de su primer álbum, Wednesday Morning 3 AM, se tomó cerca del parque, en el andén de la estación de metro de la calle 53). A la altura de la 72 por el Oeste se encuentra Strawberry Fields, la placita que homenajea en Central Park a John Lennon, que vivió y murió a pocos metros, en el edificio Dakota. Caminando un poco más se llega al cuadrado comprendido por las manzanas entre la calle 69 y la 65 y las avenidas Amsterdam y West End donde se rodó West Side Story. Sin embargo, los edificios que servían de escenario de Nueva York como Maria o America han desaparecido, al igual que los conflictos que abundaban en Hell’s Kitchen, hoy un barrio de clase media-alta.

Para recorrer la columna vertebral del show business neoyorquino es imprescindible coger Broadway, la avenida que cruza en diagonal el Midtown de Manhattan. En el número 1619 está el Brill Building, representación arquitectónica de la edad de oro del pop: aquí están las oficinas en las que Phil Spector, Burt Bacharach o Carole King, entre otros, compusieron excitantes éxitos juveniles en los 50 y 60, como Stand By Me, The Locomotion o Then He Kissed Me. Muy cerca está el Ed Sullivan Theatre (Broadway, 1697), donde actualmente se hace en directo el show de David Letterman, pero que durante años fue plató del programa de Ed Sullivan, catalizador del éxito de Elvis Presley y los Beatles. Nada menos que 60 millones de personas vieron a Elvis cantar
Love Me Tender en 1956
; pero los ingleses lo superaron en 1963, llegando a 73 millones en sus interpretaciones de She Loves You o I Want to Hold Your Hand, provocando el inicio de la Beatlemania y la invasión de las bandas británicas.

Merece la pena desviarse un poco hacia el imponente Rockefeller Center, en la Sexta avenida, hogar del Radio City Music Hall, toda una institución del espectáculo que hasta el próximo septiembre alberga el espectáculo Zarkana, del Circo del Sol. El Paramount Theatre (Broadway, 1501) ahora es sede del Hard Rock Cafe, pero aún conserva su antiguo nombre en la espléndida portada, así como la marquesina alrededor de la que se arremolinaron 35.000 muchachas en 1944 para intentar ver a Frank Sinatra. Aquel fue uno de los primeros estallidos del fenómeno fan y la consagración definitiva del cantante nacido en Hoboken, a tiro de ferry de Manhattan.

El paseo llega a Times Square, el centro neurálgico de Manhattan. Alrededor de la bulliciosa plaza se concentran los clásicos, como Chicago, o nuevos y relucientes, como el Spiderman: Turn Off the Dark, de Bono y The Edge.

Nicolas Veracierta recomienda: Hacemos un recorrido por la música de Nueva YorkEl sur es underground. La amplia Union Square sirve como frontera no oficial entre lo que podría llamarse la parte mainstream de Manhattan y la underground. Tras comenzar en un edificio de la calle 47, hoy desaparecido, la Factory de Andy Warhol se instaló en 1967 en el edificio Decker (número 33 de la plaza, lugar donde el artista fue tiroteado por Valerie Solanas) para moverse unos años después 50 metros al norte, donde hoy se ha colocado una brillante estatua de Warhol. La Factory fue testigo, por ejemplo, del alumbra- miento del primer disco de la Velvet Underground, el famoso Velvet Underground & Nico del plátano en la portada.

Abandonar Union Square por el sur supone dejar la abrasiva música de Lou Reed y compañía para cambiarla por los primeros elepés de Dylan. Concretamente, por The Freewheelin’ Bob Dylan (1963), cuya portada muestra al cantautor paseando con su novia por la intersección de la Jones street y la calle 4, cerca del apartamento donde vivían. El barrio es el Village, cuna de un fructífero renacer folk a principios de los 60, con el Café Wha? (Macdougal st, 115), donde Dylan debutó en Nueva York, como epicentro.

En la misma época, el Village fue también un importante foco de música jazzístico, del que pervive el Village Vanguard (178 7th Avenue), club del que salieron álbumes en directo legendarios como el Live at the Village Vanguard, de John Coltrane, o el Sunday at the Village Vanguard, de Bill Evans. Cerca está el Bitter End, otra institución de la música en directo en Nueva York, en el que Dylan montó los primeros ensayos de su gira Rolling Thunder Revue, en 1975.

A principios de los 70, el Village y barrios colindantes como el Lower East Side y Alphabet City vieron nacer otro revolucionario movimiento musical en Nueva York: el punk. La calle de St. Mark’s Place fue un importante centro de la contracultura neoyorquina, hogar de residencia y actividad de poetas beat como Allen Ginsberg, humoristas kamikazes como Lenny Bruce y, por supuesto, músicos. Los edificios número 96 y 98 aparecen en la portada del Physical Graf ti de Led Zeppelin, cuya escucha se debe alternar con canciones como Personality Crisis, de los New York Dolls. A día de hoy, St. Mark’s Place ha perdido el punto salvaje, pero alberga bares apetecibles, igual que la cercana Alphabet City, donde se puede encontrar el Niagara (112 Avenue A), con su mural dedicado a Joe Strummer (The Clash), o Manitoba’s (99 Avenue B), el local del cantante de los Dictators.

También ha ganado en seguridad y limpieza el Lower East Side, pero a cambio ha debido renunciar a lugares como el CBGB, donde dieron sus primeros conciertos los Ramones, Television, Blondie o Talking Heads. En su lugar, en el 315 de Bowery hay ahora una boutique, aunque a pocos metros, en la esquina de Bowery con la calle 2, se localiza la Joey Ramone Place. Nada mejor que disfrutar otra vez de la potente simplicidad de Ramones (1976), su debut, cuya foto de portada fue tomada en esa misma intersección.

Nicolas Veracierta recomienda: Hacemos un recorrido por la música de Nueva YorkSi te das prisa, tal vez puedas llegar a poner unas cuantas canciones en la jukebox del Mars Bar (25 E 1st st), un local histórico que lleva abierto desde los heroicos años del punk. Al menos, parece que no lo han limpiado ni redecorado desde entonces. Por desgracia, todo apunta a que este auténtico y simpático bar va a caer víctima del desarrollo urbanístico en los próximos meses.

Brooklyn y la modernidad musical. No solo es el distrito más poblado de toda la ciudad de Nueva York, sino su punta de lanza vanguardista en las últimas décadas, en cuanto a música se re ere. Concretamente, Williamsburg, un pequeño barrio que era residencia de judíos, portorriqueños e italianos, y que hace unos años comenzó a reunir en sus calles a una tribu diferente: veinte y treintañeros con Ray-Bans, ropa moderna y lo último en sus iPods. Piensa en muchos de los mejores grupos americanos alternativos de los últimos diez años: The National, Animal Collective, Vampire Weekend, TV on the Radio, MGMT… Todos ellos han dado el salto desde las calles que rodean la avenida Bedford, han tocado y alternado en bares como Glasslands, Union Pool, Trash, Warsaw o Zebulon. Si tienes la oportunidad de alojarte en un hotel de Nueva York varios días, no te puedes perder además los rastros de su pasado más glorioso; en Williamsburg, verás el futuro.

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