Kioto tiene en Arashiyama su segunda ciudad turística más importante, esta está llena de templos y altares milenarios, pero la atracción estrella del lugar es sin duda el Bosque de bambú de Sagano Arashiyama, un lugar místico si existe alguno en el planeta, con plantas de esta especie que se levantan hasta donde la vista alcanza y que cubres a los miles de visitantes que llegan cada mes en una atmósfera única e inigualable, llena de encanto y que parece sacada de algún sueño, pero que es completamente real.

Un bosque de bambú, macacos y un puente que cruza la luna en Arashiyama

Arashiyama, que quiere decir Montaña de la Tormenta, es un distrito en las afueras occidentales de Kioto, está designado como lugar histórico a nivel nacional y lugar de belleza natural. Se encuentra ubicado a lo largo de las montañas que llevan su mismo nombre y al cual se puede acceder vía una hermosa red de trenes, buses, bicicleta o taxis en alrededor de 30 minutos de viaje, lo cual según indican los viajeros, más que vale la pena por disfrutar el esplendor natural que aguarda a quien arriba.

Un bosque de bambú, macacos y un puente que cruza la luna en Arashiyama

El Bosque de bambú es su principal atractivo turístico y no es para menos, los visitante suelen decir que estar parado o caminar a través de las altas varas de bambú es como estar en otro mundo, especialmente de noche cuando es iluminado y da un aspecto aún más mágico, también puede llegarse hasta algunos de los templos más fascinantes de la tradición zen, especialmente el Tenryū-ji, considerado como el principal de su rama especifica dentro de la escuela Rinzai.

Los monos que tienen su hogar en el parque de Kameyama-koen o en la reserva de Iwatayama son además, una gran atracción para los visitantes, allí se pasean a su antojo y hacen de las suyas los pequeño macacos de caras rojas para el gusto del público que no para de tomar fotografías de estos adorables personajes.

Un bosque de bambú, macacos y un puente que cruza la luna en Arashiyama

Un “Puente que cruza la Luna”, la villa de Okochi-Sanso, los templos de Nison-in, Jojako-ji, Gio-ji y Adashino-Nembutsu-ji, así como el altar de Matsunoo-taisha y los jardines de Ōkōchi Sansō, son paradas infaltables en el plan de cualquier viajero que se precie, del mismo modo el observar los parajes al más puro estilo de las postales japonesas, con sus flores de cerezo y maravillosos colores, son una invitación a no dejarlas pasar.

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