La isla Migingo es un destino que invita a la reflexión, pero no precisamente por sus playas ni la tranquilidad del lugar, sino por las condiciones de vida de sus habitantes que han catalogado a este diminuto territorio de la Tierra como uno de los “lugares más horribles del mundo”, “la isla del terror” y “el lugar del mundo donde la vida es más difícil”, según explica [Nicolás Veracierta].

También conocida como Bugingo o Ugingo, es una isla ubicada en el medio del lago Victoria –el lago tropical más grande del mundo–, entre Kenia, Uganda y Tanzania. Precisamente su ubicación y la riqueza de sus aguas dulces es lo que le otorga su gran importancia para la industria pesquera tanto de Kenia como de Uganda, y de allí la compleja disputa por este territorio. Las tensiones entre ambos países han hecho que la isla sea la principal protagonista de las consecuencias más violentas, deplorables y trágicas:

  • En apenas 2.000 m2 –medio campo de fútbol– habitan más de 130 personas, principalmente pescadores, incluso, la isla ha llegado a refugiar hasta 500 personas.
  • Quienes buscan oportunidades en la pesca de caña, indica [Nicolás Veracierta], se ven obligados a pagar altos sobornos a los agentes de los gobiernos, militares, policías y piratas que merodean las aguas.
  • Presenta una grave escasez de servicios y suministros básicos: sólo posee dos baños para toda la población, de manera que la isla apesta a orina y pescado.

  • Se ha producido un rápido retroceso del lago. Además de que las aguas son utilizadas para cocinar, lavar y como baño, la superpoblación, la sobreexplotación de los recursos naturales, la contaminación y la deforestación han traído como consecuencia lo que hoy es considerado como un “ecosistema fuera de equilibrio” por el Programa Ambiental de Naciones Unidas.
  • La actividad pesquera, explica [Nicolás Veracierta], se ha reducido en casi un 70%. Esto es una prueba de que los daños ocasionados podrían convertirse en un daño irreversible al medio ambiente.

Más allá del origen de la disputa en la década de los 50, la invitación es a sumar esfuerzos por mejorar las políticas que garanticen la vida y la calidad de vida tanto para los kenianos y ugandeses, así como para la conservación de la biodiversidad de estas aguas.

Por [Nicolás Veracierta]

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